Perdónate a ti mism@ primero: el ejercicio del espejo. Post # 5

Serie: Identidad y Conciencia · Método SER — fase Sanar

Si tuvieras que hacer una lista de personas a quienes necesitas perdonar, seguramente aparecerían nombres bien conocidos: un padre, una madre, una expareja, alguien que te falló. Pero hay algo que aprendí en mi propio camino y que me detuvo en seco la primera vez que lo entendí de verdad: la primera persona a la que casi tod@s necesitamos perdonar es a nosotr@s mism@s. Y muchas veces es la última en la que pensamos.

Uno de los ejercicios que más recomiendo dentro de Club del Bien-Estar, y que yo misma practico, es sencillo pero profundamente valiente: pararte frente a un espejo, mirarte a los ojos, y decir “lo siento, te perdono, gracias, te amo”. Es una versión de una oración hawaiana muy antigua, el ho’oponopono, y aunque suena simple, tocar tu propia mirada sin desviarla es de las cosas más difíciles que podemos hacer.

Lo que sostiene este ejercicio, para mí, es exactamente lo que venimos trabajando en esta serie: no podemos soltar una creencia que no hemos hecho consciente. Y muchas veces esa creencia suena así, por dentro: “no lo hice bien”, “me equivoqué demasiado”, “no merezco esto todavía”. Perdonarte a ti mism@ primero es la forma más directa de empezar a desmontar esa historia antes de intentar cambiar cualquier otra cosa afuera.

He visto, acompañando a otras mujeres, que no siempre lo que hay que sanar es la circunstancia. A veces es la mirada que tenemos sobre ella. Cambiar esa mirada —hacia tu cuerpo, hacia tus decisiones pasadas, hacia tu historia— es, muchas veces, más transformador que cambiar la circunstancia misma.

Te invito a hacer este ejercicio esta semana, aunque sea una sola vez: busca un espejo, mírate a los ojos, y repite despacio “lo siento, te perdono, gracias, te amo”. No tiene que sentirse perfecto ni cómodo. Solo tiene que ser honesto.

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